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domingo, 2 de marzo de 2014

Arroz salvaje a la naranja

Sí, soy arrocera, será por la ascendencia valenciana, aunque reconozco que sólo me gusta el arroz que cocino yo o mi familia, no suelo pedir arroces en restaurantes. Manías que tiene una.

Me encanta el arroz salvaje, me gusta su nombre porque me da la sensación de que voy a comer algo exótico y sabroso, como tomar ambrosía de los Dioses o comer algún tipo de maná sagrado. Pero a parte de la sugestión y fantasías de cada uno, la verdad es que el arroz salvaje es sabroso y viste mucho los platos.

La receta no es mía, es una variante que he probado de una que leí en la revista Cocina vegetariana, del número de enero de 2014. Si tenéis curiosidad, es una revista que te provoca una gula increíble y las recetas parecen sencillas, ésta es la primera que voy a probar yo, pero con unas cuantas variantes, para adecuarla a mis gustos y a los ingredientes que tenía por casa.

A lo que vamos. 

Ingredientes:

- 200 gr de arroz salvaje
- Medio puerro picado
- 4 ajos tiernos picados
- 1 zanahoria rallada
- Zumo de 2 naranjas
- Piel de 1 naranja rallada (¡Polvo de Hada de Invierno!)
- Seitán casero (aprovecho el que hice ayer, opcional)
- Caldo del seitán (u otro caldo, incluso agua)
- Aceite
- Sal
-Hierbas provenzales

Preparación:

Rehogar en un poco de aceite el puerro y los ajos tiernos hasta que queden hechos. Añadir la zanahoria, la ralladura de naranja y los taquitos de seitán y rehogar un poquito todo.

Por otra parte, hacer el zumo de naranja y añadirle tanto caldo hasta conseguir 1/2 litro de líquido. Calentar a parte en una ollita.

Echar el arroz en la sartén con las verduras , voltear un poco para que todo quede mezclado y añadir el líquido de la ollita. Poner sal y hierbas provenzales al gusto y dejarlo cocinar durante 20 minutos, hasta que el arroz quede seco.


Está bueno, tiene un sabor un tanto peculiar, algo dulce, pero está bueno, yo lo repetiré.


¡Y a disfrutarlo!

jueves, 27 de febrero de 2014

Seitán casero

Los productos ecológicos, biológicos y saludables  en general pecan de ser algo más caros que los "normales", y este factor económico a veces nos puede echar hacia atrás para comprarlos.

Por eso la mejor opción es hacerlos nosotros mismos siempre que se pueda, se "pierde" tiempo, pero se gana sabor y ¡euros!.

En este caso, el seitán, uno de los llamados sustitutos de la carne, proteína vegetal en su totalidad (aunque no sé por qué, ya que su base es el gluten, que es un hidrato... la magia de la cocina). De  todas maneras, para mi gusto no tiene sabor a carne, como suelen intentar venderlo, sino más bien a nada (según cómo lo aliñes algo de sabor cogerá) con textura a pan de molde o tortilla. No es un sabor desagradable, es curioso, pero para nada sustituye la textura de un chuletón o de una pechuga de pollo.

Aunque requiere tiempo, es muy fácil de hacer, y además es baratísimo, así que ¡no hay excusa para no probarlo!

Ingredientes:

- 1/2 kg de harina de trigo normal, la de toda la vida
- 300 ml de agua
- Verduras varias
- 1 cucharada de salsa de soja

Proceso:

Se mezcla la harina y el agua hasta hacer la típica masa de pan. Si con 300 ml no tenemos suficiente, se añade lo que pida la masa ;) y se amasa hasta que no se nos quede pegada en las manos.

La bola de masa que nos queda se deja en un bol sumergida en agua entre 45 minutos y una hora. Aprovecharemos este rato para hacer ¡lo que nos dé la gana! Ir a comprar, leer, escribir, hablar por teléfono, ver un culebrón venezolano...

Pasado el tiempo de reposo en agua, ésta se tira y la masa, que queda como viscosilla, se lava en agua limpia como si fuera ropa, apretujando y amasando. El agua sale muy blanca, tenemos que ir cambiándola unas cuantas veces. ¡Ojo! cuando cambiéis el agua, pasadla por un colador grande, pues la masa se va desprendiendo e iréis perdiendo bolitas si no lo coláis.


Este proceso es algo engorroso, pero necesario. Iréis viendo cambios en la masa, se hace escurridiza, algo más oscura y sobre todo más pequeña. Esto sucede porque está perdiendo el almidón con el agua (por eso se queda blanca) y nos quedamos sólo con el gluten (que es más oscurito). es prácticamente imposible que el agua os quede transparente del todo, así que cuando la veais ligeramente turbia y la bola ya no tenga trazas blancas, lo dais por lavado.


Mientras hemos estado lavando la masa, habremos puesto una ollita con agua a hervir y con las verduras que más nos apetezcan para que coja sabor. En este caso, puse una cucharada sopera de salsa de soja, puerro, col, una cebolla, apio y unos cuantos dientes de ajo.

Cuando la masa ya está lavada, la introduciremos en el agua previamente calentada y la dejaremos hervir a fuego lento entre 45 minutos y una hora. Este proceso sirve para que el seitán se haga y para que podamos utilizarlo como ingrediente.



Una vez hervido, el seitán se deja enfriar en su propio caldo. Una vez frío, ya se puede utilizar.



Por ejemplo, se puede hacer en filetes, a la plancha con sal y pimienta para acompañar algún otro plato. En mi opinión es mejor hacerlo a la plancha o salteado que en caldo, ya que es blandito y a la plancha se puede conseguir algo más de consistencia.


En la foto, el seitán a la plancha acompaña un suculento puré de patatas mezclado con verduritas salteadas (zanahoria, ajo tierno, pimiento rojo y trocitos de aceituna).

Si sobra algún trozo (yo suelo hacer dos bolitas), el seitán sobrante se guarda en la nevera con el caldo donde se ha cocido para que no se seque. Puede durar unos cuatro días, pero yo lo máximo que lo he guardado han sido dos días, así que no sé qué tal aguanta en realidad.

¡Buen provecho!